unnamedMayo y junio son, sin duda, dos de los meses más ajetreados del año. La llegada del calor (y su consecuente desgaste físico), la finalización del curso y el estrés de los exámenes, la planificación de las vacaciones, etc. hacen que en este mes nuestra mente esté algo alterada. Si a esto unimos la previsible noticia de unas malas notas de nuestros hijos, la casa puede convertirse en una gigantesca olla a presión. Por ello, vamos a dar unos cuantos consejos para afrontar este difícil momento en familia.

– Guardar la calma:

Es necesario antes, durante y después de recibir las notas de nuestros hijos, mantener una actitud calmada y de comprensión. Mantener la confianza con los niños o jóvenes es imprescindible para evitar engaños y mentiras a los que a veces recurren. Además, creará un clima óptimo para la reflexión y la búsqueda de soluciones común.

– ¿Malas notas o fracaso escolar?

No es lo mismo y debemos tener bien claro a que nos enfrentamos. Actualmente, nuestro sistema educativo mide únicamente el rendimiento académico en forma de exámenes, con lo cual podemos hablar de fracaso escolar cuando esos exámenes reiteradamente se suspenden a lo largo de todas las evaluaciones, y esto ocurre en más de dos o tres asignaturas.

– Posibles causas del fracaso

En general, hay cuatro causas principales del fracaso escolar:

  1. Los trastornos de aprendizaje, es decir, problemas con la lectura, la escritura o capacidades básicas como la memoria, el razonamiento o la percepción.

  2. Los trastornos emocionales: Depresión, baja autoestima, ansiedad, etc.

  3. El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), uno de los más crecientes en nuestro país, llegando al 20% de los alumnos con fracaso escolar.

  4. La capacidad intelectual, tanto por encima como por debajo. Un coeficiente intelectual menor de 85 o mayor de 130 puede ser causa de un fracaso escolar.

Además, podemos encontrar otro tipo de causas más circunstanciales que pueden impedir a nuestros hijos superar con éxito el curso, como cambios de residencia, de centro escolar, separaciones o divorcios, muertes en el entorno cercano, etc.

– Soluciones:

Lo antes posible y sin esperar a septiembre, conviene tomar cartas en el asunto y planificar una estrategia para resolver el problema.

Asistir al centro educativo:

Ante un fracaso escolar o unas malas notas, es imprescindible acudir al centro escolar para hablar con el tutor, profesores y equipo psicopedagógico del centro. El objetivo de estas entrevistas será conocer su opinión sobre las posibles causas del fracaso de nuestro hijo y sus ideas para solucionarlo.

Centros psicopedagógicos:

Es posible que ellos mismos, nos recomienden una atención más especializada en un centro psicopedagógico, donde podamos encontrar profesionales en psicología, pedagogía, logopedia, psiquiatría, etc. En este caso, debemos conocer los servicios que podemos solicitar para tratar este problema: Evaluación del nivel madurativo, del estado psiconeurológico, el nivel de inteligencia, el nivel psicopedagógico y de la personalidad. A través de estas evaluaciones obtendremos un diagnóstico y un tratamiento adaptado a las necesidades de nuestro hijo.

En casa:

Nosotros mismos podemos ayudar a nuestro hijo a superar sus malos resultados académicos a través de cuidados básicos como una alimentación equilibrada.

También es importante crear hábitos de estudio, vigilando sus tiempos de descanso y de trabajo. Tenemos que procurar que no vea el estudio como un castigo, sino como una rutina más de su día a día. Para ello, nosotros debemos dar ejemplo, y asumir nuestras responsabilidades y obligaciones con motivación y alegría.

El tiempo de ocio debe ser rico y variado, no puede limitarse a la televisión y a los videojuegos. Reunirse con sus amigos, visitar sitios nuevos o realizar actividades y juegos en familia, estimularán intelectualmente a nuestro hijo.

El gusto por la lectura y su ejercicio diario son una de las llaves más importantes para afrontar cualquier tipo de retraso escolar. Aficionarle desde pequeño, leer en familia y que nos vea a nosotros leer, son gestos que facilitarán esta sana costumbre.

Cuando hablemos de las notas, debemos intentar no hacer comparaciones con hermanos o compañeros, sólo harán que se sienta culpable e inútil y conseguiremos bajar su autoestima y seguridad en sí mismo, que es lo contrario de lo que queremos conseguir. Para reforzar esa confianza en sí mismo y en sus posibilidades de aprobar debemos premiar sus éxitos y sus esfuerzos, intentar darle responsabilidades adecuadas a su edad y permitirle tomar decisiones sobre su pequeño mundo. Y lo más importante hacerle entender que le queremos por sí mismo, no por sus notas.

Antes que desanimarse por un fracaso, intentaremos afrontarlo con energía y buscar las soluciones más adecuadas. Esta actitud se transmitirá a nuestro hijo y con ella afrontará los próximos exámenes.

 

 

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