Discapacidad Intelectual

¿Empezó a hablar más tarde de lo habitual en relación a los niños de su edad? ¿Y a gatear? ¿Y a caminar? ¿Y a controlar los esfínteres? ¿En la escuela tiene dificultades para seguir el ritmo normal de clase? ¿Tiene dificultad para entender las órdenes que se le dan? ¿Le falta curiosidad por aprender cosas nuevas? ¿Tiene dificultad para entender y respetar las normas de casa o del colegio? ¿Presenta problemas para relacionarse con los compañeros? ¿Presenta alguna alteración en su comportamiento? ¿Le cuesta ayudar en casa a realizar pequeñas tareas acordes a su edad? ¿Demanda ayuda constantemente?


Descripción del trastorno

El retraso mental es un trastorno que se caracteriza por un funcionamiento intelectual y de adaptación al entorno por debajo de lo que se espera en niños de su misma edad y que se detecta antes de llegar a los 18 años. Se percibe un enlentecimiento en el desarrollo pudiéndose ver afectadas varias áreas dependiendo del grado de retraso. En los casos más leves puede pasar desapercibido durante los primeros años de la infancia pues simplemente se observa un desarrollo algo más lento, pero en otros puede no llegar a conseguir nunca las habilidades básicas de la vida diaria (autocuidado, relacionarse o desplazarse por sí mismo), lo que implicaría una supervisión constante. La capacidad intelectual se valora con pruebas que dan como resultado un valor que se denomina Cociente Intelectual (CI) un valor por debajo de 70 junto a la consideración de otros criterios puede indicar retraso. A continuación se presentan los diferentes grados:

  • Retraso mental leve: CI entre 50-55 y aproximadamente 70. Pueden adquirir ciertas habilidades por lo que pueden pasar la educación primaria de forma inadvertida.
  • Retraso mental moderado: CI entre 35-40 y 50-55. A diferencia del tipo anterior es complicado que progresen en materias escolares, pero también pueden adquirir habilidades básicas que les permitan desenvolverse en la vida adulta con cierta autonomía.
  • Retraso mental grave: CI entre 20-25 y 35-40. Necesitan ayuda y supervisión, el desarrollo del lenguaje es escaso a lo largo de los primeros años, posteriormente pueden ser iniciados en habilidades básicas de autocuidado y aprendizajes.
  • Retraso mental profundo: CI inferior a 20 o 25. En la mayoría de casos existe una enfermedad neurológica de la que deriva el retraso mental. Este grupo de personas necesitan supervisión constante
  • Retraso mental de gravedad no especificada: esta categoría se puede utilizar cuando no se pueda incluir al paciente en alguna de las categorías anteriores al ser incapaces de pasar las pruebas por ser poco cooperadores o por ser niños muy pequeños.

Se debe diferenciar de los trastornos del aprendizaje, de los trastornos de la comunicación ya que solo se ve afectada un área concreta y de los trastornos generalizados del desarrollo. Por último no debemos confundirlo con la capacidad intelectual límite, en estos casos el CI es algo superior, entre 71-84.


Abordaje terapéutico

Para poder realizar una  buena intervención es imprescindible que haya una evaluación previa y determinar las carencias del niño para plantear los objetivos con los que hay que trabajar en diferentes áreas, por ejemplo el lenguaje, el desarrollo motriz, las habilidades de pensamiento o la capacidad de relación entre otras. El objetivo principal ante casos de retraso mental es conseguir que la persona que lo sufre se integre en la sociedad de la manera más óptima posible, asistiendo a la escuela, formándose y logrando extender sus relaciones sociales. Para ello los psicólogos trabajan con el individuo y la familia diferentes aspectos como modificar los comportamientos inadecuados, aprender nuevas conductas y estimular aquellas que presentan déficit, fortalecer y/o aumentar las relaciones sociales, desarrollar la capacidad de aprendizaje, manejar las emociones y promover buenas actitudes entre los familiares o personas que rodean al sujeto. Todo ello se consigue con prevención terciaria (proporcionando información y derivando a centros especializados), estimulación precoz y terapia cognitivo-conductual. Resulta muy útil la utilización de técnicas como la ludoterapia y la musicoterapia, ya que ayudan en la mejora de varios aspectos como la afectividad, la comunicación o las relaciones.

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