Trastorno de Conversión

¿Sufre o ha sufrido alguno de estos síntomas? Problemas de coordinación y equilibrio, parálisis o debilidad muscular localizada, afonía, dificultad para tragar, sensación de nudo en la garganta, retención de orina, pérdida de sensibilidad del tacto y del dolor, visión doble, ceguera, sordera, alucinaciones. ¿Ha tenido alguna crisis o convulsión?

¿Los síntomas le aparecen cuando empieza a sentir mucha ansiedad o algún otro tipo de malestar?

¿Sufre de alguna enfermedad neurológica o de algún otro tipo?

¿Están afectando estos síntomas a su vida en general o alguna parte en concreto?


Breve descripción del trastorno

Trastorno de conversión consiste en la presencia de síntomas o déficit que afectan a las funciones motoras o sensoriales, lo que hace pensar que se debe a una causa médica, como puede ser un trastorno neurológico. Los síntomas no se producen intencionadamente ni son simulados. Se sufren de verdad. Los síntomas de conversión son el producto de las ideas que la persona tiene de lo que es la enfermedad. También puede que requiera atención médica. En el inicio o progreso de los síntomas están implicados factores psicológicos, puede deberse a conflictos o a otros acontecimientos estresantes vividos. En ocasiones este trastorno se puede mantener debido a las ganancias directas (se disminuye la ansiedad que el conflicto psicológico genera) o indirectas (no tener que ir a trabajar, no afrontar determinadas responsabilidades, más atención…) que se pueden obtener.

Síntomas destacados:

  • Los síntomas o déficit motores: alteraciones de la coordinación y del equilibrio, parálisis o debilidad muscular localizada, afonía, dificultad para tragar alimentos o bebidas, sensación de nudo en la garganta, retención de orina.
  • Los síntomas y déficit sensoriales: pérdida de sensibilidad en el tacto y del dolor, visión doble, ceguera, sordera y alucinaciones, crisis o convulsiones.

El trastorno de conversión se inicia generalmente en los últimos años de la adolescencia y en los primeros de la edad adulta; es muy rara su aparición antes de los 10 años o después de los 35. Suele iniciarse repentinamente. En pacientes hospitalizados, los síntomas desaparecen en 2 semanas aproximadamente. Suelen aparecer recaídas, sobre todo durante el primer año y la presencia de una sola recaída predice la aparición de más episodios en el futuro. Los síntomas como los temblores y las convulsiones indican una peor evolución del trastorno.


Propuesta de abordaje terapéutico

El primer objetivo y principal, sería tratar las cogniciones disfuncionales que se dan basándose en la idea de ser un enfermo, y por tanto, hay que comportarse como tal. Esto habría que hacerlo modificando la atribución que se da de los síntomas hacia causas psicológicas o ambientales y explicando la importancia de la atención en la percepción de los síntomas. A nivel conductual, habría que conseguir la eliminación de la búsqueda de ayuda médica mientras se expone gradualmente a la actividad física. Para tratar los síntomas fisiológicos habría que entrenar en relajación. Y, por último, habría que trabajar la mejora de las relaciones interpersonales, mejorando las habilidades sociales y la resolución de conflictos. Todo esto generando un clima de confianza y bienestar en el cual no se cuestiona la realidad de los síntomas que se sufren y basándonos en la psicoeducación, explicando la relación que existe entre los pensamientos, las emociones y nuestras conductas y cómo influyen unas en otras.

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