Una de los temas más frecuentes en la terapia psicológica es el tema de la dependencia emocional. La dependencia emocional es una adicción que limita tu vida. En cualquier tipo de dependencia, la persona intenta cubrir de esta forma, al volcarse en otra persona o actividad, otros vacíos que tiene dentro de sí misma. Pero en vez de afrontarlos, desvía su foco de atención hacia una persona u objeto que en apariencia, parece más gratificante y de hecho lo es, a corto plazo. No obstante, toda dependencia deriva en una situación asfixiante, en donde falta libertad interior y la autonomía emocional y afectiva.

Existe mucha literatura sobre la dependencia emocional, de hecho, hay numerosos libros que abordan esta temática. Pese a ello, se habla menos del síndrome de abstinencia. La abstinencia emocional es el conjunto de síntomas que experimenta un dependiente emocional cuando rompe una relación. Estos síntomas son de naturaleza ansioso-depresiva y pueden ir desde nerviosismo, obsesividad con la relación, culpa por la ruptura, recuerdos continuos de los buenos momentos, tristeza,  sentimiento de desapego por la vida, falta de capacidad para disfrutar, dificultades de concentración, molestias físicas diversas, deseos continuos de llamar o reanudar el contacto con la ex pareja, etc. (Castelló, 2012).Una de los elementos fundamentales para sobrellevar el síndrome de abstinencia es el «contacto nulo» con la ex pareja, lo que supone no tener ningún vínculo con dicha persona después de que se haya producido la ruptura (también se incluye eliminar a la persona como contacto de nuestras redes sociales, dejar de contactar con familiares del ex y con amigos de éste). Durante el síndrome de abstinencia lo que hay detrás es la necesidad  afectiva que tiende a empujarnos hacia el lado opuesto, buscando cualquier excusa para propiciar una conversación con la ex pareja con el fin de mantener la esperanza de poder reanudar la relación. Por ello, el “contacto nulo” es la pauta fundamental y también, la más difícil de cumplir, puesto que requiere de fuerza de voluntad y mucha firmeza.

La falta de convencimiento de que la ruptura es la mejor opción para uno mismo es una de las razones por las que muchas veces incumplimos la pauta del «contacto nulo», ya que por mucha predisposición favorable que se adquiera, si uno duda de si la ruptura ha sido lo mejor, va a perder mucha fuerza porque no estará totalmente seguro de lo que hace y por ello, dudará en ocasiones de si debe o no mantenerlo. Potenciar este convencimiento es clave fundamental para una superación exitosa de esta situación dolorosa.

Según Castelló (2012), otros elementos importantes para sobrellevar la abstinencia emocional son:

-Pensar en el síndrome de abstinencia como algo transitorio: tal y como ocurre con las drogas, el síndrome de abstinencia emocional dura  un tiempo determinado y no se quedará gestado de por vida en nosotros aunque los primeros días parezca que sí. Lo habitual es que el síndrome y con ello, el sufrimiento más acusado, no dure más de dos o tres meses, siendo el primer mes el más duro con diferencia; teniendo progresivamente más momentos de respiro o distracción con el tiempo.

-Distracción: ocupar la mente en otras cuestiones es útil puesto que nos obliga a prestar atención a aspectos de nuestra vida cotidiana. Distraerse es positivo porque ayuda a «pasar página» y porque también nos permite ver que hay vida más allá de la relación de pareja que teníamos. Esto no tiene que suponer un frenesí de salidas y contacto social, sino más bien, implica rodearnos de personas y actividades que nos aporten y permitan centrarnos en nosotros mismos y en el momento presente.

-Retomar actividades y relaciones: habitualmente en las relaciones de dependencia emocional, la persona se fusiona con la pareja y se convierten en una unidad, lo que genera que pierda su identidad y autonomía y acabe dejando de lado a actividades y amistades. En este periodo de abstinencia, es importante que retomemos actividades o aficiones y relaciones que habíamos olvidado por falta de tiempo o por centrarnos en exceso en la pareja. También es importante dar paso a nuevas experiencias, nuevas actividades y nuevas personas en esta «nueva etapa de vida».

-Hacer un listado de razones por las que se acabó la relación: durante el síndrome de abstinencia, la persona que ha estado dependiente puede desestabilizarse debido a que se siente sola, desvalida y que le han quitado una parte de su vida. En estas situaciones, contar con un «recordatorio de referencia» en el que se recuerden las razones de la ruptura y sobretodo, los propósitos que le siguen a la misma (mejorar la calidad de vida, retomar la relación con nosotros mismos y con otras personas, recuperar nuestra identidad y autonomía, etc.).

-Desidealización: una de las trampas más evidentes de la necesidad afectiva durante el síndrome de abstinencia es la idealización de la ex pareja y de la relación que se mantenía con ella. Donde antes había menosprecios, desaires, humillaciones o infidelidades, ahora se recuerda a un individuo gentil, preocupado, comprensivo y amoroso. Esto se debe al «filtro mental» que realizamos a partir de hechos puntuales en los que el comportamiento de la ex pareja fue positivo.

Por tanto, se extraen dichas situaciones y se viven como las más representativas tanto de la ex pareja como de la relación que se tenía con ella recurriendo a  fotos de viajes, mensajes de texto o correos electrónicos guardados, recuerdos de situaciones en las que se ha pasado muy bien, etc. Dar rienda suelta a la idealización del pasado va restando convencimiento en la ruptura y va debilitando al individuo, con el riesgo que esto supone de que vuelva a sucumbir a su necesidad afectiva.

-Sustituir a la pareja con otra persona: cambiar de pareja sólo hace reforzar el problema de dependencia que no se trata de la persona que se ha dejado, sino la propia necesidad afectiva que no tiene dificultad alguna en dirigirse a otro objetivo, incluso sin que haya la menor atracción, como sucede en las “relaciones de transición” que a menudo se producen en estas situaciones. Por tanto, hay que tener muy claro que en esta etapa, debemos centrarnos en sanar nosotros para poder a posteriori «elegir» con quién queremos compartir nuestro tiempo y nuestra vida.

-Plan de emergencia: para personas que se encuentran desesperadas y que continuamente están tentadas a llamar a la ex pareja, es interesante que se diseñen una especie de “plan de emergencia” en el que tengan claro cómo deben actuar. Por ejemplo, pueden tener establecido a quién deben llamar para atenuar su malestar (el primero sería el terapeuta en caso de que se encuentren en tratamiento psicológico o un amigo muy cercano), qué cosas habría que realizar para no descentrarse, como leer el listado de razones de ruptura, los propósitos que se ha establecido para retomar sus vidas, ir al gimnasio, salir a un evento o actividad interesante, etc. Es indiferente lo que se haga, lo que importa es que la persona tenga algo planificado para que no se deje llevar por la improvisación, porque no dispondrá de la lucidez necesaria y fácilmente hará cosas de las que luego se arrepentir.

Para finalizar, tenemos que tener presente que «Amar no es sufrir, y tenemos el derecho a ser felices. Este es el bien supremo que nadie podrá quitarnos, así sea en nombre del amor» (Walter Riso).

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