Potenciar la escritura creativa debería convertirse en un imprescindible dentro del currículo.

Uno de los libros más prácticos y documentados sobre este asunto es el de Benigno Delmiro Coto, La escritura creativa en las aulas. En torno a los talleres literarios, Barcelona: Graó, 2015. A través de él podemos adquirir un conocimiento total de todo lo que se ha hecho en las aulas en las últimas décadas en España y fuera de ella. Asimismo, apreciar los distintos enfoques que se han desarrollado sobre la escritura creativa y los resultados. El autor presenta “propuestas de intervención en el aula”, junto con ejemplos, de cómo desarrollar la escritura, según se aborde el punto de vista narrativo, la figura del narrador, el principio o fin del texto, los personajes, el ambiente, etc.

En mi etapa como docente pude comprobar lo enriquecedor que resulta  desarrollar a lo largo del curso un programa de escritura creativa en la clase de lengua. Los beneficios pedagógicos y personales son muy grandes. No hay dudas de que practicar las habilidades de lectoescritura contribuye poderosamente a la madurez intelectual y personal.

Actualmente soy terapeuta, y la escritura creativa siempre forma parte de la reeducación pedagógica que ofrezco en Isep Clínic Barcelona. Gracias a ella trabajo de manera motivadora el lenguaje, la expresión, la concentración, la reflexión, la organización, y la estructura de pensamiento, además de la empatía, y la flexibilidad cognitiva. Es por ello que reivindico la capacidad creativa de mis pacientes a todos los niveles, independientemente del curso académico en el que se encuentren o las dificultades de aprendizaje que refieran; porque tengo la convicción de que la creatividad es una competencia que puede desarrollarse si se trabaja de la forma adecuada.

Conviene ser flexible y abierto. Anular aspectos, cambiarlos, incluir otros que no se habían contemplado al principio, adaptarlos…, es una parte normal del desarrollo del aprendizaje. La adaptabilidad del programa de escritura creativa al contexto humano y social de los pacientes garantiza su entusiasmo y, por tanto, el éxito de la iniciativa. La variedad de contenidos implica que todos los pacientes, en algún momento, encontrarán un molde apto para sus gustos e intenciones expresivas. Es bueno atender a distintos géneros y subgéneros, al desarrollo cronológico y a los elementos que conforman la escritura creativa: personajes, trama, lugar, tiempo, etc. Desde textos de moda (los preferidos de J.), pájaros (los preferidos de M.), dinosaurios (los preferidos de L.), hasta los de terror (los preferidos de T.) o los microrrelatos improvisados y espontáneos. Toda manifestación literaria es útil.

 Gaudí decía que “pensar de manera original es volver a los orígenes”. Yo, gracias a la escritura creativa, puedo volver a diario a los míos, y nutrirme de lo que he vivido y adaptarme a lo que necesito; y lo más importante, me ayuda a contemplar el mundo como si siempre fuera nuevo.

Quizá no se vea a simple vista, pero la práctica de la escritura creativa consolida la construcción de un aprendizaje significativo, ayuda a la conformación de la personalidad en aspectos comunicativos, estéticos, y psicológicos. En definitiva, es una herramienta magnífica para entender el mundo y entenderse a uno mismo.

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