trastorno-bipolar-en-ninosLa psicóloga Laura Bergés, alumna del máster de psicología clínica infantojuvenil, nos deja este interesante artículo.
El trastorno bipolar es una enferme
dad mental grave y crónica que forma parte de los trastornos del estado de ánimo y se caracteriza por fluctuaciones o cambios bruscos de humor, alternándose episodios de estado de ánimo depresivo y expansivo (manía o hipomanía) con períodos de estabilidad del estado de ánimo.

En el trastorno bipolar infantil y adolescente o trastorno bipolar pediátrico destaca la dificultad en la regulación de las emociones, es decir, la presencia de rápidas fluctuaciones (ciclación rápida) y cambios en la intensidad de los estados emocionales que van desde episodios de tristeza, irritabilidad y rabia a episodios de extrema felicidad, euforia o irritabilidad, incremento de la actividad y conductas de riesgo.

El episodio maníaco se diferencia del hipomaníaco por la intensidad, la duración y la gravedad de los efectos en el funcionamiento de la persona, siendo los síntomas de hipomanía menos severos que los síntomas maníacos.

Además de los episodios depresivos y los maníacos e hipomaníacos también existe otro episodio con el que cursa este trastorno, el estado mixto, que incluye al mismo tiempo síntomas maníacos y depresivos.

A su vez destacar el carácter controvertido de la enfermedad en esta etapa evolutiva, es decir, no existe un acuerdo entre autores en su diagnóstico en edades tempranas. Por un lado, es una enfermedad relativamente infrecuente en la infancia y la adolescencia y en muchas ocasiones se diagnostica tarde, debido a la dificultad de establecer su diagnóstico frente a otros trastornos o enfermedades con presentaciones  similares, como el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), el TND (trastorno negativista desafiante), el trastorno de conducta, los trastornos de ansiedad o el trastorno por uso de sustancias, entre otros, y, por otro lado, también aparece la posibilidad de sufrir ambos trastornos de forma simultánea, mezclándose los síntomas o manifestaciones de cada uno y dificultando su atribución a un u otro tr
astorno.

Existe un consenso más general respecto a las similitudes entre el trastorno bipolar adulto y el adolescente, pero existen estudios diversos que apoyan las diferencias en el curso, la afectación y la presentación en la infancia. Por ese motivo, aunque es un campo que sigue en estudio, en este artículo queremos plantear, a nivel práctico, una serie de indicadores o síntomas de aviso que podrían ayudar a las familias u otros profesionales a detectar un posible trastorno bipolar en la infancia y en la adolescencia.

Antes de indicar la sintomatología clínica del trastorno específica en la infancia y la adolescencia es muy importante apuntar la necesidad de valorar si una conducta forma parte del desarrollo evolutivo típico del niño/a o adolescente o, por el contrario, tiene un carácter patológico. Hay que tener en cuenta diversos factores: si el comporta
miento está siempre presente o solamente en algunos contextos, si interfiere o no en el funcionamiento de la persona, la frecuencia con la que ocurre el comportamiento y el tiempo de aparición y mantenimiento de éste. Podremos afirmar que una conducta es patológica cuando es generalizada y perjudica el funcionamiento normalizado del niño/a o adolescente. Como ejemplifican los autores Romero, S. y Birmaher, B. (2014), los niños pueden presentar algún síntoma de manía o hipomanía, pero se debe tener en cuenta la etapa evolutiva del desarrollo en que se encuentran, su estado de ánimo habitual y el contexto en el cual se presentan. Estos síntomas pueden ser comportamientos esperados en momentos concretos del desarrollo infantil, pero también pueden ser patológicos cuando aparecen fuera de contexto o perjudican al niño/a.

 

Indicadores de un posible trastorno bipolar en la etapa preescolar (4-6 años):

  • Síntomas maníacos: temperamento muy difícil, rabia, crisis explosivas, extrema irritabilidad, funciones psicosociales pobres que afectan considerablemente al niño/a y a la familia, hipersexualidad, sensación de triunfo, grandiosidad, verborrea (palabrería excesiva) e ideas superficiales.
  • No son síntomas maníacos: actitud presuntuosa, autoestima exagerada, indiscreciones e imaginación ilimitada.
  • Síntomas depresivos: molestia fácil, dificultades para dormir, odio hacia sí mismo, ideas de muerte, conductas autolesivas y anhedonia (incapacidad para experimentar placer, pérdida de interés o satisfacción en las actividades antes placenteras).

Indicadores de un posible trastorno bipolar en la etapa infantil (6-12 años):

  • Síntomas maníacos: estado permanente de irritabilidad (episódica, sin una causa justificada o mínima y puede cursar con un grado de agresividad y violencia elevado), disforia (emoción desagradable o molesta como el estado de ánimo depresivo, la ansiedad, la irritabilidad o la inquietud), labilidad (
    cambios de humor ultra rápidos), niveles altos de energía (no se siente cansado), disminución de la necesidad de dormir (sentirse descansado con menos horas de sueño de lo habitual y normal para su edad), verborrea, pensamiento acelerado (cambiar frecuentemente el contenido de su discurso), fuga de ideas (no terminar los temas de su discurso pasando de un tema a otro y sin seguir un hilo conductor), delirio (cambios rápidos en el estado mental que provocan gran excitación e intranquilidad, alucinaciones y desorden de las ideas), inquietud psicomotora, grandiosidad (pensar que tiene mayor capacidad que los demás para decidir y saber qué hacer, no reconocer la autoridad y mostrarse exigente y desafiante frente al adulto), sensación de triunfo, socialmente desinhibido (perder la timidez, el pudor e incluso dejar de usar normas sociales ya aprendidas), menor conciencia del riesgo y de las consecuencias de sus actos (mostrarse impulsivo y más propenso a presentar conductas de riesgo y/o delictivas) e hipersexualidad (mayor interés en actividades de contenido sexual como tocamientos a otros, masturbación o comentarios obscenos).
  • Existe una menor frecuencia de síntomas de euforia en los episodios de manía respecto a la irritabilidad. Presentación de la euforia: reírse mucho sin una razón concreta, mostrarse excesivamente contento, moverse y saltar continuamente, tirarse en el suelo, entre otros.
  • Síntomas depresivos: q
    uejas somáticas (malestares físicos transitorios sin causa orgánica como dolor de cabeza, dolor de estómago y/o vómitos), malestar general, lloriqueo, anhedonia, llanto inconsolable, necesidad de reafirmación de afectos después de una crisis de rabia, variación diurna del humor, alteraciones en el sueño y en la alimentación, desesperanza, inhibición psicomotriz marcada, miedos nocturnos y síntomas ansiosos inespecíficos, que pueden ser físicos, psicológicos y/o conductuales y que provocan un malestar significativo.

Indicadores de un posible trastorno bipolar en la etapa adolescente (13-18 años):

  • Síntomas maníacos en la preadolescencia: irritabilidad, hiperactividad, tendencias destructivas e imprevisibilidad emocional.
  • Síntomas maníacos en la adolescencia: agresividad, hiperactividad, irritabilidad, cambios de humor, impulsividad, exaltación, hiperexcitabilidad, baja tolerancia a la frustración, sentimientos de grandeza, mal genio prolongado, ideas autolíticas, conductas delictivas, pensamiento acelerado y superficial, habla apresurada y cambio de tema constante, incremento de actividad dirigido a un objetivo, juicio crítico pobre, pérdida o incremento del apetito, desinhibición sexual y síntomas psicóticos como delirios y alucinaciones auditivas.
  • Síntomas depresivos: irritabilidad, tristeza persistente y llanto frecuente, pensamiento en torno a la muerte y/o ideas suicidas, disminución del disfrute en actividades preferidas, quejas somáticas, bajo nivel de energía, fatiga y aburrimiento, cambios notables en patrones de sueño y alimentación, lentitud psicomotora profunda, culpabilidad, alucinaciones, anhedonia y
    alteraciones del funcionamiento neurovegetativo (encargado de controlar las acciones involuntarias como la frecuencia cardíaca, la respiración, etc.).

Tal como hemos apuntado anteriormente, se trata de un trastorno grave y crónico con un componente genético notable, por lo tanto, además de la importancia de una detección temprana, requiere un tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, con el fin de formar al niño/a o adolescente y a su familia en el trastorno bipolar, promover la consciencia y aceptación de la enfermedad, reforzar la adhesión al tratamiento farmacológico, detectar e identificar los síntomas previos a los episodios depresivos o expansivos, promover la sensación de control en el niño/a o adolescente y su familia y fomentar y entrenar estrategias que propician el funcionamiento adecuado a nivel emocional, cognitivo, conductual y social del niño/a o adolescente en su desarrollo.
La detección temprana, la adhesión al tratamiento farmacológico y el seguimiento terapéutico son factores de buen pronóstico, así como la implicación del entorno social del niño/a o adolescente para propiciar la evolución positiva del trastorno.

Así que frente a la detección de posibles síntomas específicos del trastorno bipolar infantil y adolescente, recomendamos consultar y acudir a profesionales de salud mental, psiquiatras y psicólogos especialistas, para realizar una evaluación diagnóstica exhaustiva y establecer el abordaje terapéutico adecuado.

 

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