conciliacion-laboralSe habla mucho de la importancia de la conciliación de la vida laboral y familiar, pero, en resumidas cuentas, lo que se está haciendo en un alto porcentaje es eso, hablar. Desde la entrada de la mujer al mundo laboral se han ido desarrollando muchos cambios a todos lo niveles, que, sin embargo, no se han ido traduciendo en una situación igualitaria para hombres y mujeres.

Tradicionalmente el reparto de roles siempre ha sido que el hombre se dedica a la producción y la mujer a la reproducción, con los prejuicios que se han ido estableciendo respecto al desempeño laboral de la mujer, como por ejemplo que la mano de obra femenina es más cara y menos productiva. De hecho en los últimos días hemos escuchado las declaraciones de Mónica Oriol, presidenta del Circulo de Empresarios, que ha dicho textualmente «Prefiero a una mujer después de los 45 años o antes de los 25 porque, por el medio, ¿qué hacemos con el problema?»

Si queremos realmente cambiar el sistema establecido para permitir el reparto equilibrado de responsabilidades en la vida profesional y laboral, es necesaria una ruptura en la asignación de roles. No podemos olvidar que, al igual que las mujeres se han integrado en el mundo de la producción, los hombres deberían de integrarse en igual medida en las responsabilidades familiares.

Por supuesto, esto necesita de un marco legal que permita la igualdad de oportunidades y en este sentido los diferentes organismos comunitarios están de acuerdo en que la vía más eficiente para implantar dicha igualdad pasa por el reparto de responsabilidades familiares. Sin embargo, en la actualidad, el mercado laboral (y la ideología) no está ofreciendo dicha igualdad a hombres y mujeres.
Normalmente y de forma general (salvando las posibles excepciones, cada vez más frecuentes) las mujeres hacen todo lo posible por conciliar, mientras que los hombres se inhiben de compartir las responsabilidades familiares. Es cierto que la tendencia es hacia un mayor reparto, pero aún estamos en pañales respecto a lo que debería de ser el reparto igualitario de tareas.

Si ya es difícil hacer entender a algunos hombres la importancia de dicho reparto igualitario, para encima las mujeres que intentan conciliar se encuentran con un montón de obstáculos a nivel laboral, social y psicológico.
A nivel laboral se encuentran con una discriminación a la hora de la selección (se suele preferir a un hombre para la mayoría de los puestos directivos, por ejemplo), con sueldos más bajos, con penalizaciones por maternidad, con horarios rígidos, con menores oportunidades de promoción y con penalizaciones por dejar el trabajo para atender a la familia.
A nivel social se encuentran con costes muy elevados en los servicios de ayuda y con falta de guarderías cercanas al trabajo y con horarios compatibles (la mayoría ofrecen horarios de mañana, pero no de tardes o no hasta la tarde – noche).
Y a nivel psicológico, en la mayoría aparecen sentimientos de culpa por no poder dedicarse adecuadamente al cuidado de la familia y a la vez tampoco desarrollar al máximo su carrera profesional.

De hecho un estudio ha puesto de manifiesto que el 35% de los españoles tiene que sacrificar horas de sueño para conciliar, es decir, o bien levantarse muy temprano o bien trabajar hasta altas horas de la noche. Ni que decir tiene que esto conlleva unas consecuencias directas que inciden en el bienestar de la persona. Aparecen los problemas de alteración de los ritmos de sueño, el estrés, la irritabilidad, la falta de rendimiento por agotamiento, etc.

Si tenemos todo esto en cuenta, cualquier plan de acción que tenga por objetivo general conseguir la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, de cara a la conciliación de la vida familiar y laboral deberá de pasar por cubrir los siguientes objetivos específicos:

  • Sensibilizar y cambiar mentalidades en cuanto al reparto de roles
  • Establecer las condiciones laborales que permitan compatibilizar el trabajo y las responsabilidades personales y familiares
  • Desarrollar los servicios sociocomunitarios de atención a la infancia, a las personas mayores y a quienes cuidan de ellos.

Mientras se establece el marco legal que permita todo esto, hay diferentes estrategias que nos ayudarán a disminuir los riesgos psicológicos derivados de la falta de la conciliación.
Debemos de encontrar tiempo para la recuperación, es decir, establecer tiempos que nos alejen de la situación estresante. En este sentido tenemos la recuperación interna (durante el periodo laboral) que consiste en hacer descansos para tomar un café o para comer y la recuperación externa (fuera del horario laboral o en fines de semana y vacaciones), que consiste en realizar actividades que nos ayuden a recuperarnos del estrés laboral o que nos ayuden a adquirir nuevas estrategias de afrontamiento.
Como actividades de recuperación externa podemos realizar técnicas de relajación, planificar actividades de ocio y aprender a gestionar el tiempo.
También debemos de desarrollar la comunicación con nuestra pareja, de cara a establecer acuerdos que permitan un reparto más equitativo de las tareas. Recordemos a nuestra pareja que si estamos más descansados y menos estresados, nuestra relación personal también se beneficiará porque estaremos más receptivos ante cualquier iniciativa y / o actividad de ocio y bienestar planteada.
Y el punto más importante, eduquemos a nuestros hijos en la igualdad. Así no estará muy lejos el día en que hombres y mujeres se dediquen por igual al cuidado de la familia y al desempeño de la función productiva.

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