comunicacion parejaEsta semana la ex-alumna de máster de Isep Formació, Triana Lara Rodríguez, la cual realizó sus prácticas en Isep Clínic, nos habla sobre el maltrato psicológico y las relaciones tóxicas de pareja.

“Lo primero es una mala contestación delante de la gente: “que te calles la boca”. Te quedas en “shock” pensando ¿Qué ha pasado?, y le dices que en su vida vuelva a hablarte así, que quién se cree que es. Piensas: “bueno, tendrá un mal día”. Pero vuelve a repetirse una y otra vez.

Luego llegan los insultos, descalificaciones, las ridiculizaciones públicas y en privado, hasta los gestos violentos en los que tira cosas de mala manera o pega un golpe en plena discusión. No sabes en qué momento la relación se tornó así, cuando dejaste de ser esa mujer segura y alegre, ni por qué no eres capaz de terminar con una relación que te está anulando. Pero aún te queda por hallar que lo peor está por llegar. Lo peor es descubrir la secuela que te ha dejado como mujer y todo el tiempo que vas a necesitar para volver a ser la que eras.”

Las primeras reacciones ante este tipo de sucesos se caracterizan por sentimientos de humillación, vergüenza, preocupación y miedo, que facilitan la ocultación de los mismos. Con el paso del tiempo se produce una pérdida de control, confusión y sentimientos de culpa que, en muchas ocasiones y con la coraza del enamoramiento, dificultan que se reconozca como tal. Finalmente, el malestar emocional crónico y la percepción de pérdida de control, junto con otros factores personales,  justifican la permanencia en el ciclo de maltrato psicológico.

El Instituto Andaluz de la Mujer (2006) define el maltrato psicológico como “cualquier acto o conducta que hiera la dignidad y pueda provocar la desvalorización, humillación, sufrimiento o enfermedad mental (insultos, vejaciones, crueldad), así como aquellos actos o conductas que ocasionen un clima de angustia (espiar, ignorar, controlar los recursos económicos, amenazas y coacciones)”. Las investigaciones evidencian que los indicadores del maltrato psicológico aparecen en la fase de noviazgo. Manifestaciones tales como los reproches, la ausencia de empatía y apoyo, el  juzgar, el criticar, las acusaciones…, son la expresión del interés por parte del agresor en minusvalorar cualquier conducta que adopta la pareja.

Las consecuencias del maltrato psicológico sostenido son de toda índole, ya que somete a la persona a estrés crónico, lo que propiciará la aparición de enfermedades físicas o servirá como detonante de aquellas que solo estaban en estado latente.

Algunos síntomas visibles que responden a la somatización de estrés emocional son ansiedad, problemas con el sueño y/o con la alimentación. También el cansancio crónico, cefaleas, tristeza, apatía, depresión, consumo de psicofármacos y alto riesgo de abuso del alcohol. La violencia psicológica parece ser más frecuente y con consecuencias equiparables o más severas que las agresiones físicas.

La violencia que se produce en la pareja no surge repentinamente, sino que sigue un proceso de escalada en el que va de menor a mayor intensidad paulatinamente. Esto hace que sea más difícil para la mujer identificar la violencia, así como salir de ella. Pues va acostumbrándose a la situación y cuando ésta es más grave, se ve inmersa y se siente atrapada, sin poder salir.

Predecir cuándo se establece una relación toxica está sujeto a varios factores de predisposición (previos a esa relación). Estos pueden ser la baja autoestima, la violencia en el entorno familiar durante la infancia, las carencias afectivas. También influyen unos valores tradicionales arraigados en referencia a estereotipos y roles de género, o la dependencia emocional, entre otras.

Puesto que todo esto se fragua desde edades tempranas, su abordaje también puede ser a través de la educación emocional en la infancia. Trabajar en edades tempranas el manejo emocional es una forma de reducir la probabilidad de sufrir maltrato psicológico en edad adulta.

La inteligencia emocional (IE) es la capacidad que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y trabajar sus emociones y las de los demás con eficiencia y generando resultados positivos. En otras palabras, es la habilidad para gestionar bien las emociones para que la gente que nos rodea se sienta a gusto a nuestro lado.

Los problemas empiezan cuando uno de los miembros se siente continuamente desbordado. Está constantemente en guardia cuando se encuentra con su pareja con el fin de responder ante cualquier agresión emocional o, de lo contrario, asumiendo las razones del otro apartando las propias necesidades.

En una pareja emocionalmente sana ambas partes se sienten lo suficientemente libres como para formular abiertamente sus quejas. Por ejemplo, la persona con carencias a nivel de inteligencia emocional dice ’’ eres un pasota, no te importa nada lo que hago o siento’’ o asume siempre ser la última opción para el otro.

En cambio, la persona que ha desarrollado altas capacidades a nivel de inteligencia emocional dice ‘’tu comportamiento distante hace que me sienta desatendida e infravalorada”. “Me gustaría que hiciéramos más cosas juntos para poder sentirme valorada por ti’’. También sopesaría su relación para ver hasta qué punto esa persona puede aportarle lo que necesita como pareja. La diferencia está en que en uno no se está teniendo en cuenta las propias emociones y necesidades, sólo se está expresando una queja hacia el otro sin concretar qué actitud posibilitaría que se sintiera mejor.

Varios autores afirman que las personas con elevados niveles de IE tienen mayor éxito en sus relaciones sociales. Esto se debe a que el conocimiento, valoración y control de las emociones propias y de los demás, facilita la pacífica resolución de conflictos a través de la negociación y la empatía. Por tanto, la relación entre la IE y las relaciones interpersonales, verifica que a más empatía, autocontrol, respuestas cooperativas y bienestar en situaciones sociales, mayor inteligencia emocional. Las personas que perciben, identifican y expresan emociones tienen unas relaciones más felices.

En consecuencia, el entrenamiento en Inteligencia Emocional desde edades tempranas (en el colegio e instituto) es la alternativa para prevenir el maltrato psicológico en las relaciones de pareja. Se trata de romper con los estereotipos marcados por el género. También a aprender a través de la inteligencia emocional a establecer relaciones de pareja basadas en la empatía, el diálogo, la negociación, la cooperación y la resolución de conflictos constructiva.

Es importante explicar que los estereotipos marcados por el género son patrones de conducta que definen como deben ser, actuar, pensar y sentir los hombres y mujeres en una sociedad. Su propósito fundamental es marcar diferencias entre hombres y mujeres, estableciendo una única forma de ser hombre y de ser mujer. Se aprenden al nacer, se adquieren en nuestra crianza, mediante la socialización y nos lo transmite la cultura. Por ejemplo, nos enseñan que la mujer es débil y el hombre es fuerte. Esto condiciona la creencia de las propias capacidades que tienen las mujeres o dificultan que los hombres que padecen maltrato psicológico pidan ayuda por un sentimiento de vergüenza y rechazo.

Como conclusión, las relaciones saludables se construyen a partir de la amistad, el respeto y la confianza. Implican amar desde la libertad, perdonar y olvidar.

Si al leer este artículo, crees que no has desarrollado buenas capacidades en inteligencia emocional (muchas personas no han tenido la posibilidad de recibir este tipo de educación), que mantienes una relación toxica o que tu pareja tiene actitudes que coinciden con la descripción de maltrato psicológico, no dudes en buscar ayuda. No siempre podemos resolver solos los conflictos que nos presenta la vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies