anorgasmia femeninaEl área sexual de una persona es un aspecto importante por diversos motivos. Cuando esta falla por alguna razón, puede tener un gran impacto sobre nuestra autoestima, sobre nuestra relación de pareja e incluso sobre nuestro estado de ánimo y otras áreas que, aparentemente, no tienen relación.

Durante mucho tiempo este ha sido un tema “prohibido” y que generaba mucha vergüenza hablar. Aunque por suerte eso ha cambiado bastante con los años (conviene que seamos positivos), esto ha provocado que aún haya una inadecuada información sexual. En consecuencia, hay muchos mitos extendidos que afectan a nuestra percepción de cómo “debería ser” nuestra sexualidad.

Esto ocurre también con la anorgasmia femenina (dificultad para llegar al orgasmo). Empezando, por ejemplo, por nuestra percepción de la frecuencia en que se presenta este problema. Aún nos da apuro hablar sobre ello y eso puede hacernos pensar que tener esa dificultad es algo raro. Podemos pensar que parecemos mujeres “frígidas” que no saben disfrutar del sexo. Esta manera de percibirlo ya es un inconveniente, porque ejerce sobre nosotras una presión que contribuye directamente al problema. Quizá nos sentimos más comprendidas si hablamos de estadísticas. Los estudios indican que entre el 5 y el 30% de la población general femenina (¡casi un tercio de nosotras!) presenta este problema. No es un problema poco frecuente y eso puede animarnos a hablar más sobre ello y buscar ayuda.

En general, convendría revisar de qué información disponemos respecto a la sexualidad y, en concreto, sobre los orgasmos. Cuestionarnos hasta qué punto es objetiva, ya que quizá están generando en nosotros unas expectativas que será imposible cumplir y sólo nos frustrarán. Esto podría hacernos sentir que no somos capaces de disfrutar como nos gustaría y nos sentiremos mal. ¿Te suena alguno de estos pensamientos?. “Siempre se tiene que llegar al orgasmo en todas las relaciones”. “Sólo hay una forma correcta de llegar al orgasmo”. “Si no hay penetración, no es una relación sexual plena”. “Tengo que llegar al orgasmo a la vez que mi pareja para que sea una relación satisfactoria”. Estos pensamientos, entre otros, hacen que nuestra sexualidad esté marcada por creencias erróneas. ¡Y además son hacen sentir poco válidas sin motivo!

Otro aspecto importante que puede contribuir a la dificultad para alcanzar el clímax (el orgasmo): la falta de conocimiento sobre nuestro propio cuerpo y nuestras preferencias sexuales. Si no sé qué me gusta, será difícil saber satisfacerme o decirle a mi pareja cómo quiero que lo haga.

Muchas veces esta falta de autoconocimiento puede ser debida a una educación estricta. En esta igual se penalizaba todo lo que tuviera que ver con el sexo. A veces, simplemente es debida a una falta de educación sexual adecuada. Conocer nuestro cuerpo, nuestros genitales y qué tipo de estimulación nos gusta más, será algo imprescindible en ese sentido. Así, será un punto clave la autoestimulación (o masturbación): la estimulación genital que nos permite explorar qué nos provoca placer.

También pueden jugarnos una mala pasada nuestras ganas de satisfacer a nuestra pareja (vamos, el querer ser buenas amantes). Puede que nos encontremos durante los encuentros sexuales con nuestra atención más fijada en cómo lo hacemos. Puede que no nos fijemos en lo que estamos sintiendo: no nos dejamos llevar. A veces es por miedos, a veces por pensar que si no me centro en mi pareja, no conseguiré que goce. A esto lo llamamos “rol de espectador” y puede ser un gran entorpecedor de nuestro disfrute sexual.

Otros factores que pueden estar ejerciendo un papel esencial en el problema son:

  • Haber tenido experiencias negativas previas. Nuestras primeras experiencias suelen convertirse en un referente de cómo serán las siguientes. Si estas van mal -hecho bastante común-, pueden generar en nosotras creencias negativas que contribuyan a la anorgasmia.
  • Problemas en la relación de pareja. Poca confianza en el otro, dificultades en la comunicación –ya sea en el tema sexual como en otros-, temas que no han quedado zanjados, etc.
  • Ansiedad derivada por otros motivos. Laborales, económicos, familiares, etc.
  • Poco deseo sexual o excitación. Es una parte esencial que, si falla, puede desencadenar en un “encuentro frustrado”.
  • No contar con las condiciones adecuadas para mantener la relación sexual. Falta de intimidad, interrupciones por parte de otros, lugar poco idóneo, etc.
  • Pobre imagen corporal. Fijarnos más en esas partes del cuerpo que no nos gustan que en las sensaciones que estamos experimentando.
  • Motivos médicos o farmacológicos. Motivos que pueden ser la causa de nuestra dificultad y conviene descartar a través de una exploración médica.

Como vemos, muchos son los factores que pueden estar contribuyendo al problema. Lo más importante es poder detectarlos e intentar abordarlos. Si es necesario podemos hacerlo con ayuda profesional, para no tener que privarnos del disfrute de esta área vital que es tan importante para nosotras.

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