Las primeras mentiras

Una gran preocupación que tienen los padres, es cuando sus hijos empiezan a decir las primeras mentiras.

Las mentiras empiezan a aparecer entre los tres y los cinco años. Tenemos que ser conscientes de que en estas edades los niños/as aún confunden en algunos casos la fantasía con la realidad.

Recordemos que entre los 3 y los 5 años, los niños entran en la etapa en la que lo real y lo fantástico o imaginario están entremezclados y pueden llegar a confundirse. Hasta los 6 años, no hacen una diferenciación clara de lo que es real y lo que no. Por eso en esa etapa, suelen ser comunes los amigos imaginarios, etc.

Por ser esta la etapa de la fantasía, los padres deben de ser más tolerantes a las mentiras que puedan decir sus hijos. Entrar en su juego, pero, dejando entre ver al niño que es un juego, que no nos estamos creyendo que hay un fantasma o su amigo imaginario pero que tenemos ganas de interactuar con él y así ayudarle al aprendizaje.

Una de las funciones de la mentira en esta etapa es la función exploratoria, es decir, el niño/a se hace consciente de que el engaño existe y ahora es él o ella el que intenta probar ese método con los adultos y ver cuál es el resultado de su mentira.

La evolución de la mentira

Una gran preocupación que tienen los padres, es cuando sus hijos empiezan a decir las primeras mentiras.

Las mentiras empiezan a aparecer entre los tres y los cinco años. Tenemos que ser conscientes de que en estas edades los niños/as aún confunden en algunos casos la fantasía con la realidad.

Recordemos que entre los 3 y los 5 años, los niños entran en la etapa en la que lo real y lo fantástico o imaginario están entremezclados y pueden llegar a confundirse. Hasta los 6 años, no hacen una diferenciación clara de lo que es real y lo que no. Por eso en esa etapa, suelen ser comunes los amigos imaginarios, etc.

Por ser esta la etapa de la fantasía, los padres deben de ser más tolerantes a las mentiras que puedan decir sus hijos. Entrar en su juego, pero, dejando entre ver al niño que es un juego, que no nos estamos creyendo que hay un fantasma o su amigo imaginario pero que tenemos ganas de interactuar con él y así ayudarle al aprendizaje.

Una de las funciones de la mentira en esta etapa es la función exploratoria, es decir, el niño/a se hace consciente de que el engaño existe y ahora es él o ella el que intenta probar ese método con los adultos y ver cuál es el resultado de su mentira.

Algunas pautas para reducir las mentiras y fomentar el aprendizaje

  • Educar en la verdad
  • No poner la etiqueta de mentiroso
  • Explicar las ventajas que tiene decir la verdad (se podrá reparar, confiaremos en ti…)
  • Ser ejemplo de los niños. Los adultos no tienen que mentirle, ni mentir delante de él
  • Delante de las mentiras ligeras, lo más adecuado es ignorar y seguir fomentando la sinceridad
  • Fomentar el valor de la sinceridad y la confianza
  • Dar oportunidades para corregir la mentira

Laura Aut
Col.18432

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