La velocidad de procesamiento es la capacidad cognitiva para dar respuesta a determinada actividad, es decir la velocidad con la que una persona reacciona ante la información que recibe.

En niños se observa y detecta con relativa facilidad ya que a la hora de realizar tareas, leer o estudiar, dedican un tiempo muy elevado. Esto no quiere decir que sean niños menos inteligentes, pero sí que afecta en el aprendizaje. No son vagos o perezosos, ni se duermen en los laureles aunque así lo parezca.

Por lo general, son niños que en tareas realizadas en papel son mucho más lentos que en tareas orales; puesto que es una tarea ejecutiva más avanzada y requiere de mayor tiempo y más pasos.

Encontramos niños a menudo desmotivados y con baja autoestima, puesto que están acostumbrados a dedicar mucho tiempo a las tareas escolares pero con pocos resultados satisfactorios y escuchando a menudo palabras como: “lento”, “date más prisa”, “corre”… que no favorecen su aprendizaje.

¿Qué medidas se pueden tomar en la escuela y en casa?

  • A la hora de realizar ejercicios o pruebas de evaluación, es recomendable dar al alumno algo más de tiempo para poder finalizarlos.
  • Si no le ha dado tiempo a finalizar una prueba de evaluación, realizarle las preguntas que han quedado sin responder de forma oral. Lo más probable es que lo haya estudiado y sepa responder las preguntas.
  • Ponerle menor número de ejercicios sin reducir la dificultad del contenido. Por ejemplo, si al resto se le han puesto 4 multiplicaciones, ponerle solo 2.
  • Simplificar los deberes y las tareas cotidianas.
  • Eliminar cualquier elemento distractor de su alrededor.
  • No criticar su lentitud.
  • Marcar bien los tiempos en las actividades cotidianas.
  • Dividir las tareas en pasos, con cada actividad bien secuenciada.
  • Marcar las preguntas más importantes y ponerle en negrita las palabras clave de los enunciados para facilitarle la lectura.
  • Evitar copiar los enunciados de los ejercicios.
  • Reforzar sus logros. Generalmente son conscientes de su lentitud y es importante mantener una buena autoestima.
  • No emplear tiempos superiores a 50 minutos realizando tareas o estudiando, es imprescindible hacer descansos.
  • Preparar las cosas con antelación siempre que se pueda. Es decir, si podemos preparar la mochila y la ropa por la noche, seguro que la mañana siguiente todo funciona mejor.

No obstante, si observamos que este hecho afecta significativamente a la vida cotidiana del niño, a la vida escolar, así como a la relación con otras personas o en su propio desarrollo emocional, conviene consultar con profesionales para que sea valorado.

Hay medidas que se pueden tomar en la escuela o en casa como las que se han explicado anteriormente, pero en algunos casos también es necesario que un profesional intervenga directamente con el niño para trabajar aspectos específicos. La baja velocidad de procesamiento se detecta en niños con tdah y con dislexia, pero, observar que un niño es muy lento no quiere decir que tenga estos diagnósticos. Por ello se requiere realizar valoraciones profesionales.

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