Piromanía

¿Tiene gran interés, incluso fascinación, por el fuego? ¿Tiene la necesidad de provocar incendios de forma deliberada e intencionada? ¿Experimenta tensión o una fuerte emoción antes de provocar el incendio? ¿Experimenta bienestar, gratificación liberación de la tensión una vez ha encendido el fuego? ¿Necesita presenciar sus efectos devastadores? ¿Se presenta voluntario/a para participar en su extinción?


Descripcion del trastorno

La piromanía se define como la presencia de múltiples episodios de provocación de incendios de forma deliberada e intencionada, en los que la persona experimenta tensión o una fuerte emoción  antes de provocar el incendio. Suele existir una fascinación por el fuego, sus contextos y sus consecuencias. Es un trastorno de control de impulsos en la que los individuos no consiguen resistirse al impulso de iniciar el incendio.

La presencia de una conducta reiterada de prender fuego, la fascinación por su  contemplación, el intenso interés por todos los elementos que le rodean, un aumento de la tensión antes de producirlo y alivio emocional una vez realizado, son algunas de las características que padecen las personas que sufren piromanía. Una persona pirómana siente la necesidad de provocar un incendio y no piensa en las consecuencias que eso traerá. No se aleja del fuego sino que se mantiene cerca, incluso llega a participar en las tareas de extinción.

Se relaciona con el trastorno disocial y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Es más frecuente en los hombres y especialmente en los que tienen pocas habilidades sociales y dificultades de aprendizaje.

Se deben descartar otras causas de provocación del incendio: que sea intencionada para obtener beneficio, sabotaje o venganza; como parte de la experimentación durante la infancia; deterioro del juicio asociado a demencia, retraso mental o intoxicación por sustancias; esquizofrenia; episodios maníacos; trastorno disocial; trastorno antisocial.


Abordaje terapéutico

El tratamiento para estas personas suele consistir en técnicas de autocontrol, técnicas para el manejo del estrés y terapia cognitiva para modificar las creencias irracionales que desencadenan su conducta y que los llevan a no admitir responsabilidad alguna. Modificar estas ideas y lograr que admitan que son responsables de sus actos es fundamental de cara al tratamiento.

Otras técnicas apropiadas son: la relajación y el entrenamiento en habilidades sociales; conocimientos de seguridad y supervivencia respecto al fuego.

Desde la perspectiva cognitivo-conductual, inicialmente se pretende que la persona autoevalúe el grado de perjuicio del acto cometido hacia él o hacia los demás, auto-observe el impulso que lo desencadena, las sensaciones físicas, los pensamientos asociados, etc. Después de un riguroso análisis se entrena a la persona en técnicas psicológicas para controlar la impulsividad y desarrollar formas más adaptadas para afrontar aquellas situaciones.

En algunos casos se ha utilizado la Terapia Familiar Breve, para modificar y reestructurar la autoridad parental, modificando los patrones de comunicación e interacción entre padres e hijos, e incluso fijando normas de seguridad y protección para la familia.

La selección de la mejor estrategia de intervención dependerá de la severidad del trastorno y la intensidad de los síntomas, llegando incluso a recomendar la hospitalización si es severa.

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