Trastorno dismórfico corporal

¿Pasa mucho tiempo delante del espejo? ¿Ha aumentado la cantidad o duración de ejercicio físico? ¿Le preocupa en exceso alguna parte de su cuerpo? ¿Tiene inseguridad a la hora de vestir? ¿Encuentra errores constantemente en su figura? ¿Se autoexamina constantemente? ¿Se mira mucho al espejo? ¿Siente obsesión por los productos de belleza o cirugía? ¿A pesar de su insistencia, le dicen todo el tiempo que no es feo/a y no se lo cree?


Breve descripción del trastorno

El trastorno dismórfico corporal se trata de una preocupación excesiva por algún defecto físico real o imaginario. La preocupación puede centrarse en diversas partes del cuerpo a la vez. Debido al malestar que generan las preocupaciones, se suele evitar describir con detalle los «defectos físicos» y se habla en general de la fealdad de su físico. Genera un problema en la vida diaria afectando a las relaciones familiares, sociales y laborales.

Síntomas destacados:

  • Preocupación excesiva o injustificada por algún defecto corporal (por ejemplo: tener pecas, labios torcidos, pechos pequeños, genitales pequeños …).
  • Sentimientos de inferioridad debido al defecto (sentirse menos atractivo/a que el resto).
  • Excesiva dedicación a pensar, observar y valorar el defecto: examinar todo el rato.
  • Las relaciones sociales se ven afectadas y condicionadas por este defecto.
  • Excesiva dedicación a tiempo, esfuerzos económicos, etc. a combatir el defecto.

El trastorno dismórfico corporal se inicia generalmente en la adolescencia, pero puede pasar desapercibido durante muchos años debido a que a menudo no quieren revelar los síntomas. Su inicio puede ser gradual o repentino; su desarrollo es continuo, con poco tiempo sin síntomas, aunque la intensidad de los síntomas puede variar. La parte del cuerpo en que se centra la preocupación puede ser siempre la misma o variar con el tiempo.


Propuesta de abordaje terapéutico

El objetivo principal seria enseñar a aceptar el propio cuerpo y sentir satisfacción con él. Por ello, habría que cambiar:

  • Las verbalizaciones negativas que hacemos sobre nuestro cuerpo.
  • Los pensamientos irracionales sobre la apariencia física (que tú consideres que tienes una nariz poco bonita, no quiere decir que los demás sólo vean tu nariz).
  • Las conductas de rituales y de evitación, que se realizan para reducir la ansiedad y el malestar que generan todos estos pensamientos y emociones negativas, reduciendo o eliminando por completo.
  • Los hábitos que interfieren negativamente con el funcionamiento cotidiano y así aprender a tolerar nuestra apariencia física y afrontar las situaciones que se suelen evitar (mirarse en el espejo, relacionarse con los demás, ponerse determinada ropa, etc.).

Con todo ello se generaría mucha más confianza en uno mismo, aumentando la autoestima, reduciendo la ansiedad que provoca esta presión y altas expectativas sobre tu apariencia física y recuperando tus relaciones sociales y familiares. Además de conseguir un mayor equilibrio emocional.

 

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