El pasado miércoles tuvo lugar el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebra cada 10 de septiembre, día en el que se busca concienciar sobre lo que se considera uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial y, sobre todo, recordar un mensaje clave: el suicidio se puede prevenir.

Este año, con el lema “Cambiar la narrativa sobre el suicidio», se nos invita a cambiar la forma en la que hablamos y pensamos sobre la conducta suicida. Hasta ahora el suicidio ha sido un tema que ha estado rodeado de silencio, un tema que ha estado rodeado de miedo, incomprensión y estigma; sin embargo, no hablar de ello no hace que este problema se disuelva. revisiones sistemáticas, metaanálisis, revisiones narrativas, editoriales, cartas al editor, protocolos, resúmenes para congresos y estudios de casos, ya que la revisión que se ejecuta pretende ser una síntesis de los resultados de estudios empíricos originales.

HABLAR PUEDE SER EL PRIMER PASO

Una de las ideas más relevantes de la prevención del suicidio es precisamente la necesidad de crear espacios en los que las personas puedan compartir su sufrimiento sin sentirse juzgadas.

Hablar sobre el suicidio de manera responsable y empática no es, ni mucho menos, incitar a que se produzca. Al contrario, preguntarle a una persona cómo se siente o escucharla y darle la oportunidad de hablar sobre lo que está viviendo puede ser una vía para que se sienta acompañada y pueda acudir a pedir ayuda.

No siempre es fácil saber qué se debe decir. Muchas veces no se trata de encontrar la frase ideal o de proporcionar, muy rápidamente, una solución. Frases tan sencillas como «¿Cómo estás realmente?», «Estoy aquí para escucharte» o «Podemos buscar ayuda juntos» pueden abrir esa puerta que hasta ese momento se encontraba cerrada.

PRESTAR ATENCIÓN A LAS SEÑALES

Las situaciones de crisis suicida pueden manifestarse de maneras extremadamente variadas y no siempre se llegan a dar señales evidentes. No obstante, algunos cambios pueden servirnos para detectar que estamos ante una persona que está padeciendo un momento intensamente doloroso: expresar desesperanza o la sensación de que no hay salida posible; aislamiento de familiares y amigos; pérdida de interés por actividades que antes le parecían importantes; sufrir cambios muy significativos del estado de ánimo; hablar de la muerte y de no querer vivir más.

El hecho de que a veces algunas de estas señales puedan estar presentes no indica necesariamente que pueda existir un intento de suicidio, pero sí es un buen momento que podemos aprovechar para acercarnos, preguntar y escuchar.

¿CÓMO PODEMOS AYUDAR?

La prevención del suicidio no depende solamente de los profesionales de la salud mental. Todos, como sociedad, podemos ayudar.

Escuchar sin juzgar, tomarse en serio el sufrimiento de la otra persona, no minimizar lo que siente y facilitar la búsqueda de ayuda profesional son pequeños actos, pero pueden ser de gran importancia.

Frases como “tienes que animarte”, “hay gente que está peor” o “no tienes motivos para sentirte así” pueden pronunciarse con buena intención, pero pueden incrementar la sensación de incomprensión. En su lugar, podemos acompañar en el sufrimiento a la persona y transmitirle que no tiene por qué afrontarlo sola.

PEDIR AYUDA TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA PREVENCIÓN

Consultar a un profesional de la salud mental puede contribuir a comprender lo que nos está pasando, identificar los factores que están provocando o manteniendo el sufrimiento, y desarrollar herramientas con las que poder sobrellevar la situación.

También conviene conocer los recursos que están a nuestro alcance hoy en día. En España, la línea 024 de la atención a la conducta suicida ofrece atención a las personas con pensamientos o riesgo de conducta suicida, y a sus familiares y personas cercanas; es un servicio totalmente gratuito, confidencial y disponible las 24 horas de los 365 días del año.

Ante una situación de emergencia o riesgo vital inminente, se debe contactar directamente con el 112.

CAMBIAR LA NARRATIVA EMPIEZA POR HABLAR

El Día Mundial para la Prevención del Suicidio recuerda que existen personas, familias y contextos detrás de las cifras de personas que se suicidan o que lo intentan y que están atravesando situaciones de gran sufrimiento.

Transformar la narrativa implica sustituir al silencio por la conversación, al estigma por la comprensión y al juicio por la escucha.

No siempre sabremos cómo se encuentra la persona que tenemos delante. Pero podemos preguntar. Podemos escuchar. Podemos acompañar.

Y a veces una conversación puede ser el inicio de la ayuda que alguien necesita.

Daniel Aguirreurreta

ISEP Clínic – Vitoria-Gasteiz